
El mundo de las artes en Puerto Rico nunca deja de dar de qué hablar. Al pensar en los grandes maestros puertorriqueños, muchos evocamos nombres como Francisco Oller, José Campeche u Olga Albizu. Sin embargo, el fenómeno que representa Arte Cardé ha generado tanto elogios como polémicas. Alberto Cardé, mejor conocido como Arte Cardé, es un influencer del pueblo de San Sebastián, mi pueblo natal, quien se ha dedicado a las artes visuales. Cardé se presenta como un joven humilde de campo, pero admite que su verdadera adicción es “la pauta”. Para él, el éxito en las artes radica en la relevancia: mantener su nombre circulando en las redes sociales parece ser su mayor ambición. Sin embargo, su obra cuenta otra historia.

Image Credits: Arte Cardé
Uno de los principales problemas al analizar el trabajo de Arte Cardé es su desconexión con lo que implica ser artista. Un artista no es sinónimo de ser celebridad o influencer, aunque puedan coincidir. Su serie “Evoluciones” ees un claro ejemplo de su perspectiva sobre el término. Se trata de ilustraciones digitales impresas sobre lienzo, inspiradas en la famosa ilustración de Rudolph Zallinger El Camino al Homo sapiens (1965). Cardé representa figuras caricaturescas de diversas etapas en las carreras de celebridades puertorriqueñas. No obstante, es fácil percibir la falta de entusiasmo y conocimiento artístico en estas piezas. Técnicamente, las composiciones carecen de armonía, ritmo o diseño. Son horizontales, con figuras ascendiendo de izquierda a derecha en un plano central, lo que genera imágenes estáticas y carentes sin dinamismo. El manejo del color es mínimo y desprovisto de intención, limitándose a fondos de color plano o degradados. Las ilustraciones carecen de empatía y sensibilidad, lo que las hace parecer artificiales y sin vida. Aunque el concepto podría vincularse a prácticas postmodernas como el arte pop, no logra equipararse. Obras como las de Andy Warhol o Pauline Boty son relevantes a su contexto y denotan pasión técnica, algo ausente en el trabajo de Cardé. Si bien podría clasificarse como kitsch, no estoy de acuerdo: el kitsch, aunque usualmente peyorativo, demuestra cierto esfuerzo por lograr un resultado atractivo o exitoso. Para Cardé esto no tiene importancia porque su propósito nunca fue el mismo.

Image Credits: Arte Cardé
Es evidente que el trabajo de Arte Cardé está impulsado por las tendencias del momento, la fama y el dinero. Así como artistas como Damien Hirst aprovechan la mercantilización del arte, Cardé crea obras destinadas a atraer la atención de celebridades, quienes las convierten en publicaciones o entrevistas. Este intercambio entre artista y figura pública pone en entredicho la integridad de Cardé. Por ejemplo, en 2024 realizó un mural en protesta contra la entonces candidata a la gobernación Jenniffer González, representándola de manera descuartizada. No es sorpresa para nadie que el partido PNP ha sido uno de corrupción e ideologías retrógradas. No obstante, tras su victoria, Cardé decidió respaldarla regalándole una de sus “Evoluciones” y publicándola en las redes sociales de González.




Image Credits: Arte Cardé
El problema con este tipo de prácticas es que eclipsan el trabajo de artistas puertorriqueños con verdadero conocimiento y talento, privándolos de la visibilidad que merecen. Además, fomentan la idea entre artistas emergentes de que la mediocridad equivale al éxito. ¿Pero por qué los medios de comunicación acceden al trabajo mediocre de una persona que se hace llamar artista sin que este aporte ningún tipo de impacto cultural? La respuesta radica en la falta de educación artística, que impide distinguir entre un Miguel Ángel y un Koons.


Image Credits: Arte Cardé
Aunque su participación en la remodelación de espacios urbanos tiene un impacto positivo, las controversias lo persiguen. En junio de 2024, Cardé pintó un mural en el parque recreativo El Litoral de Mayagüez que representaba a una mujer negra desmembrada, con elementos corporales racistas de la iconografía estadounidense del siglo XIX. Este mural, en un espacio frecuentado por jóvenes y propenso al deterioro, resulta especialmente insensible dada la creciente violencia de género en la isla. lo cual nos hace preguntar: ¿Por qué alguien creería que es una buena idea pintar una imagen como esta? Considerando que este fue realizado en un lugar donde eventualmente sería deteriorada por los distintos deportes que allí se practican (usualmente por hombres) en una etapa tan violenta hacia la mujer caribeña
Arte Cardé no será la última figura polémica en autonombrarse artista en Puerto Rico. Esta tendencia es cada vez más común en la era de las redes sociales. Aunque su obra y acciones definen qué tipo de figura pública es, el futuro está por escribirse. ¿No es imposible que Cardé pueda ser un gran artista en algún momento, o lo será? Eso queda en manos del espectador decidir.




