
Puerto Rican Women In Arts, una exposición que presenta a 200 artistas puertorriqueñas abrió el 7 de marzo en El Schomburg en Chicago. Es la exposición más grande hasta la fecha dedicada exclusivamente a mostrar a mujeres artistas puertorriqueñas, y no fue una tarea fácil, pero fue un reto que Alexis Figueroa, fundador de Trailer Park Projects, decidió asumir.
No solo fue la primera gran exposición de este tipo en más de una década, sino que también podría ser la más extensa jamás presentada. Para Figueroa—residente de Chicago y defensor de las artes desde hace mucho tiempo, especialmente en la comunidad puertorriqueña de Humboldt Park—hacer realidad esta exposición era algo personal y urgente. Lo que comenzó como una idea simple creció rápidamente y tomando impulso cada día.
La idea surgió de una conversación entre Figueroa y su amiga, la escritora y coleccionista de arte Anjanette Delgado, cuya colección privada se enfoca en mujeres artistas. Durante su conversación, ambos expresaron su frustración ante lo difícil que sigue siendo encontrar exposiciones que se centren en el trabajo de mujeres o que incluyan mujeres. Ese intercambio llevó a Figueroa a reflexionar seriamente sobre las muestras que había curado en el pasado. Aunque había invitado tanto a hombres como a mujeres a exponer, el numero de hombres quienes respondían, asistían y daban seguimiento era enorme en comparación al sexo opuesto. Con el tiempo, esta dinámica resultaba en exposiciones dominadas por hombres, no por diseño, sino por defecto. Era un patrón que necesitaba romperse.

Decidido a cambiar el equilibrio, Figueroa tomó una decisión: organizaría una muestra exclusivamente para mujeres artistas puertorriqueñas. Originalmente imaginó una exposición curada con tal vez 30 o 40 participantes. El local para la exposición llegó fácilmente, El Schomburg, un espacio comunitario con el que ya había colaborado antes. Fue una elección natural, y en conjunto con la directora de la galería, Brenda Torres, colaboraron para hacer esta idea una realidad.
Con el espacio asegurado, el siguiente obstáculo fue la financiación. Figueroa tomó la audaz decisión de financiar toda la exposición por su cuenta. Esto significó cubrir todo—transporte, materiales, instalación y costos imprevistos—sin fondos externos ni patrocinio. Para manejar el riesgo financiero, estableció algunas directrices: todas las obras debían estar valoradas entre $50 y $150. Esto no reflejaba el valor artístico de las piezas, sino una forma práctica de poder compensar personalmente a cualquier artista en caso de daño durante el manejo o envío de obras.
La logística fue el siguiente paso. Para facilitar el proceso a los artistas que vivían en Puerto Rico, Figueroa ofreció la opción de transportar las obras personalmente. Esto significaba que las artistas no tendrían que pagar envío, pero también implicaba unas limitaciones estrictas al tamaño de las obras sometidas: ninguna pieza podía exceder 11″ × 14″, y no se aceptarían obras de medios tridimensionales. Estos parámetros estaban dictados por lo que podía caber de forma segura en su maleta. El sistema podía parecer poco convencional, pero le permitió llevar muchas de las obras en un vuelo comercial, simplificando el proceso y generando confianza con las artistas.

La convocatoria comenzó con un simple correo a las artistas que ya conocía. Esperaba 30 o 40 respuestas—suficientes para llenar una sala. Pero la respuesta lo sorprendió: más de las esperadas respondieron con entusiasmo e interés inmediato. Energizado por ese impulso inicial, amplió el alcance, publicando en redes sociales, enviando correos adicionales y contactando directamente a artistas que encontró mediante investigación. La respuesta fue abrumadora, y día a día el número de participantes aumentaba. En el transcurso de del proceso, intercambió más de 2,000 correos electrónicos y mensajes, invitando finalmente a más de 350 mujeres a participar.
Figueroa viajó a Puerto Rico y coordinó una entrega para las obras en un transcurso limitado de dos días. Con la ayuda de Bryan Torres Arana, dueño del café Tostado, montó una estación temporal de recepción en el café. Torres permitió que Figueroa usara el espacio del café y le ofreció su oficina después del cierre de sus horas operacionales. Las artistas llegaron con sus obras, muchas conociendo a Figueroa por primera ve, fomentando un espacio de intercambio, conexión y afirmación. Al final de la entrega , Figueroa había recogido 150 obras en persona. Cuando Figueroa cerró la recepción de arte, no fue para llegar a un numero especifico de participantes si no que fue por temor a no tener suficiente espacio para exhibir todo el trabajo. El resultado de 200 obras por 200 artistas individuales surgió sin intención, pero fue el resultado del gran interés y necesidad de una exhibición como esta.

Ya de vuelta en Chicago, era momento de montar la exposición. Figueroa consideró varias formas de organizar las obras—por año de nacimiento, en orden alfabético—pero finalmente optó de agruparlas por medio. La exposición final se dividió en secciones: collage, dibujo, pintura, fotografía, grabado, textiles y medios mixtos. La instalación tomó un día y medio. El resultado fue una experiencia de observación fluida e intuitiva que permitió a los visitantes explorar cada medio como un lente al arte contemporáneo puertorriqueño hecho por mujeres de distintas generaciones.
Dado el volumen de obras, las fichas técnicas tradicionales en la pared no eran una opción. En su lugar, a cada pieza se le asignó un número correspondiente a una hoja de referencia impresa con códigos QR. Los visitantes podían escanear el código de la obra que les interesaba y acceder directamente al sitio web o redes sociales de cada artista. Fue una solución moderna que conectó a los espectadores con las artistas más allá de las paredes de la galería.
Desde la idea hasta su apertura, todo el proceso tomó tres semanas. En ese tiempo, Figueroa aseguró el lugar, reunió obras de todo Puerto Rico y la diáspora, organizó el transporte, curó y montó la exposición. Fue un esfuerzo intenso, impulsado por la determinación y el apoyo comunitario, como el de Jesús Díaz, quien diseñó el cartel de la exposición.
La noche de apertura, el 7 de marzo, atrajo a más de 400 personas asistieron, siete artistas volaron desde Puerto Rico; doce ya residían en Chicago. El ambiente fue eléctrico. La muestra recibió una amplia cobertura de prensa, incluyendo tres segmentos televisados y un panel al día siguiente sobre mujeres en las artes. El activista Oscar López Rivera, a pesar de problemas de salud, sorprendió con un emotivo discurso—la primera vez que hablaba en público en varios meses.

En la duración de la exposición se vendieron más de 120 obras, y muchas artistas ganaron seguidores, conexiones y coleccionistas nuevos. Figueroa se mantuvo involucrado en todo momento, ofreciendo recorridos semanales, transmisiones en vivo en redes sociales y respondiendo personalmente preguntas del público. La exposición se extendió hasta el 28 de abril para coincidir con EXPO CHICAGO, permitiendo que más personas y coleccionistas pudieran ver la muestra.
Chicago solo fue el inicio al impacto y potencial de dicha exhibición tuvo. Puerto Rican Women in Arts abrió su segunda edición el 5 de junio de 2025 en La Liga de Arte en San Juan, Puerto Rico. La exposición presentó al mismo grupo de artistas, más una artista adicional, contribuyendo a un total de 201 artistas —algunas con las mismas obras, otras con piezas nuevas o diferentes. La muestra continuó con su misión: dar visibilidad, voz y valor a las artistas puertorriqueñas—en la isla y más allá, ofreciendo varios conversatorios con artistas participantes y recorridos guiados por el mismo Alexis Figueroa. El último recorrido de la exhibición se llevó a cabo en la tarde del 9 de Julio y su cierre el 11 de Julio, 2025.
La exposición fue dedicada a la memoria de las recientemente fallecidas artistas Zilia Sánchez, Bárbara Díaz-Tapia, SKE y John Belk—un reconocimiento a su influencia duradera y contribuciones al mundo del arte.




